miércoles, 2 de julio de 2014
Mi historia con Andrés
domingo, 8 de junio de 2014
La cura
sábado, 24 de mayo de 2014
Voto en blanco
martes, 13 de agosto de 2013
Nada más qué temer
domingo, 14 de julio de 2013
Esas cosas que me pasan
jueves, 24 de mayo de 2012
Querido Bartleby
lunes, 7 de mayo de 2012
De caravana
Que Argentina es Buenos Aires, que los argentinos no son latinos y después de la dictadura no se dejan tocar de un policía, que allá solo se baila tango, que Spinetta y Charly son los únicos dioses. Mitos que llegan hasta nuestros oídos desde el silencio de las postales y el ruido de los turistas y que se derrumban estrepitosamente al son del baile que cada semana anima ese personaje grande que es La Mona Jiménez, en esa noche que se llama ir de caravana.
martes, 28 de febrero de 2012
Mi hermano es un super héroe
domingo, 23 de enero de 2011
Carta pública a Toti
No sé cómo empezar este mensaje para vos… tenés nada más doce años y yo te llevo 21… te he visto crecer estando lo más cerca que he podido y tengo que decir que ha sido una aventura alucinante, parecida a lo que sería ver a mi propio hermano (tu papá) nacer y crecer de nuevo, pero mejor, porque digamos lo que digamos, a pesar de todas las apariencias, los seres humanos cada vez somos mejores. Serás mejor que nosotros. Así que aquí estamos, vos en tu aborrencencia (que una vez se acabe no le desearás a nadie) pasando por el peor momento de tu vida, y yo, más vieja, también un poquitín más sabia, tal vez pasando por el mejor momento de mi vida, queriendo que fuera posible que tu dolor, mejor que tuyo, fuera el mío… pero nada, mejor vos a tu fútbol y tu play 3 y yo a mis letras, mis palabras, a escribirte; ambos haciendo lo que mejor sabemos hacer.
Ser tu tía, ser mayor, no me daría derecho a superficializar tu sufrimiento, máxime sabiendo lo que es perder así, en tres minutos, inexplicablemente. Porque yo me la he pasado llegando tarde al amor, como vos a veces a una pelota, sé de ese dolor impotente y desgarrador. Yo también quisiera devolver el tiempo, hacer las cosas mejor, incluyendo ayudarte; poder advertirte, no dejarte perder, pero así no funciona la vida. Esto es lo que trato de decirte: si el fútbol es la vida que escogiste, tendrás que aprender a transitar muchas veces por lugares como en el que ahora te encuentras, sin embargo, digamos que tiene sus cosas; aunque no depende sólo de vos, trae también grandes amigos; y sí, el azar interviene, pero muchas veces será a tu favor; el árbitro se equivoca, pero hay a quien odiar para no odiarse a sí mismo; cuando uno desacierta, desaciertan todos, pero el espectáculo es tan apasionante que miles de personas pagarán para verte.
Tú y tus amigos merecían ganar y aunque siempre es bueno mirar atrás para no repetir las historias que uno no quiere, asumir así las responsabilidades y ayudar a otros a asumir las propias, espero (y te lo digo porque sé qué clase de ser te habita) que mirar atrás no se convierta en una obsesión que lastime tu alma o hiera tu corazón de forma irreparable. Los seres humanos amamos el drama, tanto como para convertir cada dolor en sufrimiento, lo cual es totalmente innecesario. Llora lo que tengas que llorar, enójate y desahógate, pero mantén un lugar dentro de ti que nada pueda romper, el lugar donde descanse la dignidad y resida lo que te hace humano, porque de ese lugar procede toda felicidad en la vida, nada vale la pena ponerla en riesgo, y no olvides que ese lugar, en el centro de tu corazón, se alimenta de todo lo bueno que hay en cada situación: tus amigos, Simón y Willmar (que te necesitan y necesitas, no hay nada que una más a dos personas que compartir el mismo dolor), la dedicación de tus entrenadores, un papá que supo conseguirte el mejor equipo, el privilegio de poder dedicar tu vida a hacer lo que más te gusta, tu talento… y por si eso fuera poco: una casa, un perro, un hogar, una mesa, una comida y sobretodo, el amor de un ejército de personas (papá, mamá, hermano, abuelos, varios amigos, y por lo menos una tía) que daríamos nuestro dedo meñique porque nos permitieran cambiar de lugar contigo, relevarte en el ejercicio de vivir por estos días, en que hasta respirar te duele; porque saber con certeza que otros nos aman de verdad, es lo único que nos salva de morir en el intento de vivir y ser felices para contarlo, oficio que nunca se acaba de aprender.
Si te sirve en algo de consuelo, creo que a pesar de todo tuviste un debut impresionante, eres un jugador maravilloso: talentoso, inteligente, maduro en la táctica y la estrategia, y en lo personal, tengo que decir que me complace y me divierte tu decisión de apostar por defender más que atacar, porque sé que proviene de la sabiduría que te hace entender que es más importante ganar que brillar, lo que te hace tener un estilo generoso, preocupado por su equipo, sinuoso y aguerrido, silencioso pero efectivo, delicioso. Ese bajo perfil, que songo sorongo te llevará muy lejos, se me antoja un cierto gusto (que comparto contigo) por el “tras bambalinas”, por hacer el trabajo importante que no sale en los créditos sino al final de la película.
Perdóname entonces si te hablo como si ya fueras grande, arriesgándome a que no entiendas nada, pero en la cancha sos tan viejo que tengo que verte al lado del árbitro, corriendo como un pingüino, para recordar tu edad, en ese momento se me encharcan los ojos, porque ese recuerdo me llena el corazón con todo lo que yo te he querido desde la primera vez que te vi, cuando cabías todito sobre mis piernas, esa vez me sonreíste y yo supe que te caía bien y que te iba a llevar conmigo para siempre. Tendrás que crecer antes de entender que a mí, ahora, no me cabe el orgullo en el pecho y que por eso me pongo a gritar en la tribuna que yo te quiero, como corresponde a la primera fan de todos los que seguramente te sobrarán en la vida.
sábado, 25 de diciembre de 2010
Navidad 2010
lunes, 6 de septiembre de 2010
no habiendo más
De todas maneras, a quién le importa lo que tengas para decir, eso dicen los fantasmas, y yo me encojo hasta la pequeñez total, con ganas de sentarme en un rincón a llorar las palabras que no puedo parir, como si alguien muy poderoso callara mi voz con la palma de su mano puesta en mi boca hasta no dejarme respirar, entonces vuelvo a recordar un sueño que tuve hace años… yo estaba en el mar, el mar adentro, estaba sola y sabía que no iba a resistir mucho tiempo antes de hundirme sin aliento para mantenerme a flote, estaba cansada, pero luchaba por aguantar un poco más, pensaba que alguien vendría a salvarme, alguien en particular, sin embargo pasaba el tiempo y él no venía… ya no recuerdo si me di por vencida o el cansancio me venció, solo sé que dejé de pelear y comencé a hundirme sin remedio; han sido los segundos más desoladores y al mismo tiempo más desaprensivos de mi vida, ha sido la única vez en que mi ser ha abandonado por completo la esperanza, como si hasta el azar me hubiera abandonado a mi… el agua ya sobrepasaba mi nariz, no podía respirar, como si el mar poderoso, me tapara la boca con la palma de su mano… lo último que recuerdo es que lo vi, nadaba hacia mi, desperté de un brinco en mi cama, cuando en la vigilia respiré en un involuntario reflejo de supervivencia, apenas tuve tiempo de fijar el sueño en mi memoria cuando volví a quedarme dormida, en el sueño despertaba en una hamaca, el mar se oía cerca, era de día, me sentía débil, pero había algo sumamente cálido y acogedor en el ambiente, busqué con mi mirada y a mi lado estaba él, que cuando se dio cuenta de que estaba despierta, preguntó con la voz del que es capaz de toda esperanza: ¿puedes caminar?...
Por favor que alguien venga por mí y pregunte ¿puedes escribir?
martes, 12 de enero de 2010
Navidad 2009
lunes, 16 de noviembre de 2009
Confesión
Hago fila desde temprano, repitiendo el ritual que nos une desde hace 18 años y pienso en todo lo que es capaz de despertar… qué será lo que tiene Enrique que solo puede engendrar un amor apasionado, borracho y ciego, o una aversión punzante e incapaz de ocultarse. 3000 personas que le perdonaríamos todo y una sola amiga a mi lado, confirman lo que digo. No lo puedo explicar, para unos el amor es tan obvio como la aversión para los otros. Inútil tratar de entender, se trata de pasiones humanas.
Lo espero pacientemente todo lo que es necesario, sobretodo ahora que he decidido despedirme de él, pero al cabo de muchas horas mi amante fantasma sale al escenario y se ve más guapo que nunca, más bien puesto a sus 40 y algo que cuando tenía 27. Se para al frente y con la voz intacta me canta todas las de despecho, varios alrededor lo notan, Enrique casi no tiene canciones felices, pero la tragedia que cuenta es en definitiva sobre la vida, sin embargo esta noche se dedica al desamor: “te ataré con todas mis fuerzas, mis brazos serán cuerdas al bailar este vals”, “si me perdonas, si me das otra oportunidad, amor, prometo escribirte una canción diciendo que ahora acepto la derrota, pero sólo si me perdonas” no está triste, solo se divierte conmigo porque sabe como hacerme cambiar de opinión, estoy a punto de rendirme, si de todas formas una noche con él, es mejor que la colección interminable de conversaciones incoherentes con locos de atar en que se ha convertido el amor en estos tiempos de música electrónica contemporánea.
Miro alrededor, no soy solo yo, nos le entregamos toditos, y él nos paga con muchas creces, una buena guitarra y un repertorio memorable. Cada canción es mejor que la anterior, al final nadie tiene voz, ni yo corazón para decirle que no: este amor se morirá con el primero de los dos que deje de respirar. Como dios manda. Como nos merecemos aquellos que no nos resignamos a esta falta de poesía que es la vida real y escueta.
lunes, 26 de octubre de 2009
Bilbao
Es raro, porque las ciudades pequeñas no me gustan, enseguida me da sensación de claustrofobia, de instinto que es capaz de medir los habitantes por metro cuadrado. Amo lo que conozco: smog, ruido, caos, carros pitando, taxistas mentando la madre, ciudades inasibles, densas. Clarito tengo (desde la primera vez que pisé uno), que pueblo pequeño, infierno grande. Medellín incluso se agota rápido, pero hasta ahí es soportable, menos, me produce el mismo pánico que sentí cuando tenía 11 años y me obligaron a leer El cristo de espaladas, cada que entro en un pueblo pequeño me viene el mismo olor a hongo pudriéndose en la sacristía.
Y ahora, un día, sin pensarlo, me encuentro por fin con Bilbao. Esa ciudad que presentí cada vez que me encontré con un vasco recorriendo solito el mundo y parloteando con sus compatriotas de todas partes, sentado en las ruinas de San Agustín por ejemplo y prometiéndome su tierra mientras me tienta con la imagen imposible de una chuleta de buey de un 1kg servida en un solo plato.
Estuve solo cinco días, además mi amor por ella fue a primera vista, es posible entonces que todo lo que voy a decir a continuación sea una invención. Los que me conocen saben que me invento cosas, sobretodo amores, yo casi siempre alego en mi defensa que no hay más realidad que la que uno crea porque la siente en la panza, en este mundo donde nadie sabe adónde ir, hay que hacer como Gandalf y guiarse por la nariz. Así fue que Bilbao se convirtió en mi amor más real de los últimos tiempos:
Llego de noche, sin haber dicho en qué número de vuelo, una vez que piso suelo sé que todo estará bien, el aire huele a limpio, pero no a limpio de no contaminado, sino que huele a pureza, a una cosa que los celtas debieron haber conocido, a algo simple que está aquí y que nunca se irá. Solo es el olor, pero me basta para sonreír de nuevo. Cuando salgo del aeropuerto, miro a todos lados y con solo verlo, sé que es quien viene por mí, se llama Jon, y se ve como una especie de punkero del monte, es el conductor del festival al que me invitan y por el que estoy aquí, al llegar al centro, se pierde, es bombero y conductor de ambulancia (las ambulancias tienen GPS), y se pierde, nos reímos porque no importa, y desde ese momento empiezo a entender algo que después se convertiría en admiración y con los días en envidia, algo que espero recordar siempre: aquí la gente se permite el error.
Las primeras personas que conozco son las que organizan el Festival Jet Lag Bilbao de expresiones urbanas, del área de juventud del ayuntamiento, gente linda, como todos los vascos, son laboriosos, puntuales, trabajan las horas que necesita el día, luego viven, salen a comer, comen muy bien, hay una costumbre a la hora del almuerzo (que puede durar las dos horas completas): van de sitio en sitio, comiéndose unas tapitas, con una cañita, conversando de pie junto a la barra, y así hasta que no haya más hambre. Esto para los que pueden, los que no, salen los viernes a medio día, caminan por la ría… ay la ría… es una mujer que atraviesa toda la ciudad, que en algún lugar todavía huele a pescado, pienso en ello, Bilbao fue una ciudad industrial mucho tiempo, pero a mi, esos cinco días que la anduve, me despertaron el pescador que llevo dentro, vuelvo entonces a lo de saber vivir, aquí saben vivir, sin pausa pero sin prisa, como si la vida se fuera a acabar, pero no ahora, rodeados de belleza, que para eso la naturaleza sirve de muestra, la ven todos los días en el espejo.
Aquí también hay pobres, inmigrantes ilegales, barrios “alejados”, desempleados, pero no hay nadie que pase hambre, seguramente a muchos habitantes de esta ciudad de siete calles, eso no les baste, y tendrán razón, pero miles y miles de hombres en mi país, darían lo que tienen por vivir aunque fuera solo de pan.
El sol brilla cuatro de los cinco días que estoy, es otoño y en una tarde junto a la ría hacen 30 grados, no es normal, dicen que Bilbao es lluviosa, y el frío es muy frío, pero a nosotros la ciudad nos trata bien, clima perfecto para un festival, yo les digo que es porque está contenta de que los que la visitamos por estos días estemos aquí, además de que conmigo siempre va el sol y la buena fortuna, pero los lugareños no creen en esas cosas, son escépticos, están demasiado conectados con la tierra y con la vida.
Me dejo tocar por ese sol, cruzo todos los puentes que me encuentro sobe la ría, el que más me gusta es el de la gaviota, me siento a mirar el Guggenheim, lo he hecho todos los días que he estado aquí, es un objeto hermoso que alimenta mi teoría (seguro copiada de alguien más) de que la belleza es un bien en sí misma, no importa lo que haya adentro de este edificio, eso es lo de menos, dan ganas de tocarlo y de mirarlo, como a esos hombres que son tan bellos y que no saben que lo son.
Me cuesta terminar de decir lo que me pasó en Bilbao, siento que cuando lo haga será como despedirme de ella (¿él?), y no quiero… me voy de allí diciéndole solo hasta luego, ya nos veremos de nuevo para hacer juntos lo que nos quedó faltando: la chuleta de buey, una conversación larga con el guapo de Txema, un partido del Atletic, una vuelta grande en bicicleta, un viaje a las montañas, un asado en al casa de Jon, las clases de Euskera, el amor hasta el amanecer…
Mi amor por Bilbao fue a primera vista, pero es un amor dispuesto a todo, incluso a acabarse por agotamiento, quisiera poder vivirla hasta llegar a odiarla, como solo he hecho con aquella donde nací y que ahora me recibe celosa y tiene que aguantar mi jet lag emocional, yo la miro y no soy capaz de decirle lo que estoy pensando: ¡los de Bilbao nacemos donde queremos!
martes, 18 de agosto de 2009
México
“El amor es una enfermedad en un mundo en el que lo único natural es el odio” José Emilio Pacheco de Las batallas del desierto
Como los amores que nos gustan:
México desde el aire es espantosa, una ciudad inmensa, deforme y sin fin; blancuzca y lechosa como un bicho que sale de un lago pantanoso y profundo, un animal prehistórico que se presenta a los recién llegados con una alarma en el estómago; acecha un miedo fácilmente sospechado: una serpiente con plumas deja un rastro en el aire, que apenas pisar suelo, se percibe en la nariz. Hay un calor de fogata en el aire, un olor dulzón de Maguey deslechado, amor a primera vista, amor incomprensible, sin ton ni son, amor de puta otra vez.
Tuve miedo de no poder dormir en la ciudad ajena, hasta que llegó un mexicano, uno solo que no es cualquiera, pero que después de conocer a varios, podría serlo, un solo mexicano, cualquier mexicano, sobretodo este mexicano, tiene el poder de manipular el espacio: ensancha cuartos, pacifica jet lags, dulcifica la vida entera.
Se levanta más tarde México, come en lugar de almorzar y cena después de las nueve. En Coyoacán vivió Frida Kalho, ceno popular y caro como buena turista, puede ser el corazón contento porque la barriga está llena de quesadillas con tortillas hechas a mano, pero entiendo por qué hay que venir aquí… es verano y anochece tarde, Morfeo se deja invitar por Quezalcoatl, se rinde, cae inconciente.
Cañón:
No sé donde estoy pero sé que he muerto, está oscuro pero los pájaros cantan tan fuerte como cualquier gallo, son pájaros mariachis que me cuentan que estoy en México. El asomo de angustia vespertina que se repitió todos los últimos días en Medellín hace su aparición, se confunde con el espantoso bicho de la laguna que ahora muestra su caparazón de tortuga prehistórica, pero se aleja silenciosa. Cuando vuelvo a despertar, es otra vez azul el cielo, ha vuelto el calor al cuerpo y el gusto de la salsa verde a la nostalgia de mi boca. Hoy me levanto ansiosa por salir a la ciudad, México no tarda en ser mía, me encuentro con el músico Daniel y esa sonrisa gigante, que recompenso a medias con una botella de ron viejo de Caldas traído directamente desde Colombia.
No manches:
Como dice el querido Pala en una canción: ¡Fuera la fe de turista! Me cuesta una vida montarme en el turibus, tachar todas las ruinas, levantarme temprano con botella de agua y cámara de fotos en ristre (bueno, la botella sí me gusta, es la mejor compañía para el reconocimiento del terreno). A mi me gusta más bien montarme en el bus con los demás y a la primera no perderme, caminar por tres o cuatro lugares hasta haberme asomado a todos los edificios bonitos, reconocer un café y sentarme en una de sus mesas, día a día, a la misma hora, ordenar todos los días algo distinto hasta que el mesero me salude, se comience a imaginar cosas sobre mi (que parezco una nueva vecina pero que tengo cara de ir de paso) y luego un día desaparecer, realizar el escape de los Artesanos del Dulce en la calle menos popular del barrio
Oaxaca:
“El llanto de la magdalena”, canta alguien y a mi me gusta, porque el llanto de la puta es sagrado, vuelvo a esta ciudad: hermosa, tanto, que aplasta un conato de tristeza postnacimiento (prenacimiento debería decir), energía que se desprende de Monte Albán y se riega en el Valle, el observatorio más antiguo de América, desde el Museo de Antropología, en el D.F, se presiente, pero solo allí se puede Saber… territorio de los Zapotecas, hombres tocados por los dioses, padres fundadores de la cultura Mesoamericana, precursores del arte como forma de vida, con el mayor sentido de la belleza.
En Oaxaca conocí a un italiano con el que no paré de reír, Massimiliano es amigo de Daniel, es músico, pero también sabe de redes electrónicas, es decir, de inteligencia artificial, para que se sepa, éstas funcionan con un sistema binario, de programación simple para elegir a partir de lo que es “correcto e incorrecto”, a una red solo se le enseña la respuesta “correcta” y la red es capaz de andar sola, los cerebros no artificiales, como el nuestro, funcionan casi igual, solo que el aprendizaje sobre la respuesta correcta es un poco más complejo (cualquiera que tenga un cerebro puede dar fe de ello) esto lo aprendo con Massimiliano en una conferencia, que dictó otro músico en inglés, y que Massimiliano no pudo dejar de refutar… después él me explica mejor y para mostrarle que aprendí, le pongo el ejemplo de su propio cerebro, si fuera una inteligencia artificial, Massimiliano tendría una programación simple: la respuesta correcta es siempre lo contrario, cuando la información entrante es un sí, la respuesta correcta de esa inteligencia es un ¡no!. Con este ejemplo me puso 10 sobre 10, nos veo reír hasta el cansancio y me convenzo de que todavía ninguna inteligencia artificial puede producir algo así. En Oaxaca conocí a Max y a Thollem, y pasé dos días de reallity con Daniel, Oaxaca supo así reconciliarse conmigo, desmintiéndome.
Encontré mi edificio favorito de México en Oaxaca, el teatro Macedonio Alcalá es el teatro más hermoso que he visto en mi vida y antes de entrar a un performance de Gómez Peña, estuve parada en un salón con el que hace un tiempo había soñado, y entonces supe sin saber cómo ni por qué, que Oaxaca me cambiaría la vida.
El desmadre:
En México me comí toda la comida de que fui capaz, y me gané una maldición de Montezuma de un día y medio (Montezuma apenas se reía de mí por exagerada, y rápidamente me dejó tranquila, creo que le caigo bien), soy capaz de pronunciar palabras mexicas casi sin acento, montar en metro y bus, caminar y saber para donde queda mi casa: el hoyo, la casa de Sergio y su montón de familia que no entiende mi incapacidad de comer algo más. En México he visto la peor obra de teatro de mi vida, y el bailarín más apasionado y apasionante de todos los tiempos, el bar de jazz más lindo, leí a Pacheco por primera vez, y no entendí por qué no lo había hecho antes, recordé mi amor por los colores, y canté una ranchera a todo pecho en la plaza de un pueblo, en México alguien me cantó a mi, una ranchera en