martes, 19 de junio de 2007

Este año sí

Dentro de una semana cumplo 30 años, la gente más joven me pregunta que si ya siento la crisis, los que ya pasaron por ahí, conocen mi respuesta y más bien aseguran lo que yo presiento: las cosas se ponen mejores después de los 30. Por eso y por primera vez habrá francachela y habrá comilona para celebrar que llegué hasta aquí contra todas las probabilidades, esto lo entenderán quienes me conocen de los tiempos en que Andrés Caicedo era una revelación y yo estaba convencida de que la vida, si seguía por donde iba, no debía durar más de 25 años.

Por eso el primer regalo que pediría sería poder hablar conmigo cuando tenía 20, poderle decir a esa muchachita paralizada por el miedo a la vida, que las cosas ciertamente mejorarán y que lo harán a su debido tiempo, más temprano que tarde, de la mano de una brisa suave que sin más escándalos descubre todos los velos. Que finalmente la vida se convierte en una aventura apasionante por la conquista de nosotros mismos, casi siempre a través de el maravilloso encuentro con el otro. Pero ese deseo no me lo puede cumplir la vida, tal vez llena de razón pues seguramente esa niña no me creería, y como me saliera con una de esas cosas con las que yo solía salir, la mataría.

Pero ya entrados en gastos, qué importa seguir pidiendo, la ocasión lo amerita, son 30, y hay cosas que se vale seguir deseando aunque no sea posible obtenerlas, casi siempre porque dependen de la buena suerte o de la buena voluntad de alguien más a quien no tenemos el derecho y el sentido de obligar.

Sin embargo, si pudiera elegir, este año sí que hubiera alguien que cada noche me hiciera cosquillas en la cabeza antes de dormir, y una vez cada tanto, acariciaría mi espalda. Pediría también ir a cine con mi sobrino, tener parejo que se le mida a aprender a bailar tango conmigo y una semana recorriendo las calles y los café de Bogotá con mi mejor amiga. Haber tenido un hermano menor que no se casara a los 21, la posibilidad de una noche de fiesta con el mayor. La séptima parte de Harry Potter, un buen trabajo, una gran sorpresa a la vuelta de la esquina, unas pequeñas vacaciones cada año. Encontrarme con mis amigas de viaje en algún lugar perdido del mundo, todas al mismo tiempo y sentir que estos años no han pasado. Un concierto de Héroes del Silencio, una noche de San Juan y un beso en Venecia. Que la plastilina se pudiera comer, que Luis Pérez no fuera el próximo alcalde y que como dice la canción “no me acordase del terror que te di”.

Quiero que la vida no dure más de lo que debiera y que antes de que se acabe, todos a quienes amo, sepan cuánto los he amado. Quiero que ese amor que parece imposible encuentre el camino y las razones para llegar hasta aquí. Parezco muy pretenciosa pero es que es mentira que con los años se pierdan la audacia o la capacidad de ajustarse, aprender y transformarse, por eso yo sé que puedo pedir que el mundo, aunque sea el mío, el más pequeño, tenga ganas de cambiar por fin.

martes, 22 de mayo de 2007

Milonga de la soledad

La soledad es la mejor compañía, fiel como ninguna, imposible quererla una vez y no quererla dos, una vez que te concede todos tus deseos es inevitable no volver a buscarla. Comprensiva como la mejor de las nanas es el único camino del exceso que no se agota, imposible más libertad, imposible más paz, es el único amante al que uno puede serle infiel cuantas veces quiera, y al cabo de todas ellas regresar a sus brazos tan abiertos como silenciosos sus labios, ni un solo reproche le escucharás jamás, ningún juicio, nunca un no, nunca la suplica de que cambies, no habrá nada de ti que la pueda asustar. No hay lugar para conocerse mejor, ningún otro posible, porque sólo en su presencia podemos ser quienes realmente somos, a cambio no pide nada y si uno la sabe consentir, no hay nada que no tenga para dar, tan sólo conociéndola se puede estirar y encoger el tiempo a placer… y hablando de placeres, cuál de ellos no se experimenta si uno deja de combatir inútilmente con ella, no conozco ninguno. Fue mi primer amor, y no ha habido otro igual, aunque diga lo contrario, aunque la haya negado más de tres veces, no podría vivir sin ella, y a estas alturas me pregunto, ¿quién podrá superarla?

martes, 1 de mayo de 2007

Mensaje en el contestador

Me han cerrado tantas veces la puerta en la nariz que me quedaría ronca antes de terminar toda la historia, mucho menos si tenemos en cuenta que a mí gustaría contarla con pelos y señales. He visto portazos de todos los colores y todos los sabores y así mismo he pasado por todas las reacciones posibles que un ser humano puede adoptar ante el que considero uno de los mayores improperios de los que se puede ser víctima, y digo víctima por usar cualquier palabra que explique la relación causa y efecto ente un portazo y uno.

Al principio, cuando todavía adolecía, me daba por cogerla con el timbre, o sea, no entendí el mensaje, ¿Qué quiere decir que me cerrés la puerta en la cara?, mejor dicho, para mí esa no era una respuesta válida (todavía me cuenta entenderla como tal pero…). Después vino la época de dejar a la rabia hacer, era capaz de levantar cualquier puerta a patadas y a veces era tan literal, que cuando ésta volaba en pedazos, me recibía un ser humano indignado y muerto de susto que no se parecía en nada al que yo sentía que había perdido. En inglés existe la expresión precisa de lo que vino después, to get tired, que normalmente se traduce como cansarse, pero que en un sentido más literal sería como conseguir el cansancio, yo conseguí por fin después de muchas heridas el cansancio y cada vez que me cerraban la puerta en la cara, sin decir adiós, yo me quedaba un rato ahí mirándola, preguntando en voz baja por qué, esperando en vano una respuesta que todavía no ha llegado.

Un día se me ocurrió que debía ser yo y me partí en muchos pedazos tratando de encontrar adentro la causa de tal desolación, en esos días recuerdo que el solo hecho de que alguien dijera que iba a llamar y no llamara se convertía en una sensación insoportable de abandono y soledad (como si no supiera que los paisas dicen que van a hacer de todo, llamar, trabajar, madrugar, comprometerse, saludar cuando nos volvamos a ver, volvernos a ver, y luego no hacen nada de eso y tan tranquilos todos).

Han pasado mucho tiempo, cosas, lugares y personas después de eso, hice muy bien en alejarme un océano entero para juntar los pedazos otra vez, mucho amor y mucha buena compañía le devolvieron la dignidad a mi ser, la entereza vino de la misma energía que antes utilicé para partirme en dos el corazón y AHORA, lo escribo con mayúsculas, porque las puertas se siguen cerrando en mi nariz, pero yo tengo la inocencia justa para sorprenderme cada vez, la generosidad para entender que “no” también es una respuesta y el corazón enterito de amor como para dejar una nota (de despedida porque el camino es largo y las puertas no son buenos interlocutores) debajo de la puerta dando las gracias porque lo que soy yo, me la pasé muy bien.

martes, 24 de abril de 2007

Bodas de algodón

Las palabras se desbordan cuando el estanque se conmociona de tormenta, pero estando en calma, esas bandidas a la gravedad se resisten, caen unas gotas de llovizna y dos chorritos de pensamiento se derraman en este blog vanidoso, casquibano y vagabundo, que hoy ya cumple un año de vida, de regalo se dibuja una sonrisa en el corazón, ese que cada tanto, pretende aquí matarle el ojo a todos los que quiere llevarse a la cama de la complicidad y la vida pública, dicen por ahí que si todo lo que debiera ser público lo fuera, otro gallo cantaría, estos no sé cuantos días de Lo Profano han ganado esa apuesta, puedo dar fe ahora de que uno se da y termina ganando, amigos, solidaridad y compañía, sin ánimo de hacerlo se deja a la vida sin lugar a dudas, se vuelve uno más humano, la transparencia se cristaliza, y en lugar de hacerse frágil, se convierte en coqueta piedra preciosa, también la culpa acaba de quedarse sola, se exorcizan todos lo males, se inician los mejores diálogos, se vuelven elocuentes los silencios, los míos y los tuyos, querido lector, que si mal no estoy y no mucho ha cambiado, también eres mi amigo, por eso perdonarás que no comente los comentarios, que son los que son aunque no todos se compartan y me dejan tan perpleja que tengo que guardar silencio, qué puedo yo decirte que no te haya dicho cuando no me cayo, qué puedo yo decirte si cada palabra tuya es tan sagradamente profana como 50 de las mías, bienvenido entonces y bienaventuradas nuestras palabras, que sigan mucho tiempo sintiéndose contenidas aquí, que mi perplejidad no te apabulle, que no callemos cuando haya que hablar, dice Zaratustra que sería mentirnos a nosotros mismos, no faltaba más, que para eso es Lo Profano, porque profana es la verdad y mi verdad reside aquí, como ya te dije alguna vez, en ese espacio entre vos y yo, es decir, entre estas letras y tus ojos, el círculo entonces se completa aunque no haya sido esa la intención, porque esa es menos pretenciosa, más profana, sólo hacerle caso a Zaratustra y como hasta ahora, achicar ese abismo que nos separa.

martes, 20 de marzo de 2007

La tierra del olvido

Este fin de semana estuve en un concierto que se llamaba El abominable sonido paisa, y llevo un montón de tiempo descifrando por qué, cuando alguien dijo que gracias a dios no era paisa, a mi me dolió con un dolor de cortada de bisturí, un dolor insignificante, menudo y molesto, de esos que nos hacen concientes de partes de nuestro cuerpo que no sabíamos que estaban ahí, así fue el dolor que yo sentí, yo, que cada vez que puedo me escapo para dejar de sentir que las montañas de este valle se cierran sobre mí, me dolió a mí, que los hombres paisas me confunden hasta la histeria, que el acento de Uribe me sabe a excremento de caballo, a mí, me está doliendo que alguien de afuera venga y lo diga así, con el mayor desparpajo, sin el menor asomo de dolor, como si esta ciudad no fuera la suya… y es que no lo es, entonces yo guardo silencio y me quedo con la pregunta por el ardor que hace posible esa parte de mi que no conocía y empiezo a buscar la respuesta, respuesta que va llegando de a pedacitos, de la mano y la boca de tantos otros tan lejanos y dispares (como los que dan gracias a dios por no ser paisas) que cuesta atarlos en sus palabras, que al final se encontraron en un lugar común que también logré encontrar y que está dentro de mí.

Cuando me fui a vivir afuera, lo primero que sentí cuando dejé esta ciudad fue una gran sensación de libertad y el despertar de un ser que no se sentía particularmente incómodo en ningún sitio, y de la mano de esa ciudadana del mundo que me ocupaba, descubrí un mundo desconocido que ahora también me pertenece. Por esos días mi peor pesadilla la tuve una noche que soñé que no podía salir de Colombia y desperté agradecida sabiendo que dormía en una primavera que ya no era eterna.

Los fríjoles me vinieron a hacer falta mucho después de cinco meses de desnutrición y fueron bien reemplazados con una tortilla española y un asado de carne argentina, la arepa se convirtió más bien en un motivo de celebración cuando alguna vez podía disfrutar de lo que a estas alturas se había convertido en un manjar para un cuerpo acostumbrado a estas proteínas.

De Medellín extrañaba otras cosas, cosas pequeñas, el sabor del agua, el jugo de maracuyá, el contacto visual, el roce de una piel desconocida, cosas que también se fueron reemplazando, por la permanencia de la piel de los conocidos, la llegada al lugar donde todos te miran a los ojos y así sabes que es tu casa, la sopa tailandesa, la comida turka.

Pero un día que caminaba por el parque, de lejos me llegó una canción de Carlos Vives que retumbó en todas partes de mi cuerpo, de repente calentó mis venas y me recordó que por ellas corría una sangre roja y adicta a la vida, al final me encontré llorando con un corazón de tambor en taquicardia, un temblor tropical en mis manos, y un rubor primaveral en las mejillas. Ese día me di cuenta de que con el tiempo Medellín se había convertido en una herida, algo incurable excepto por la vía de la nostalgia, en un amor sin esperanza, irremediable y tormentoso. Medellín es un amante que de día tiene la piel dorada de verde y naranja y de noche su cabello se oscurece de un negro profundo con piel blanca y transparente. A Medellín no queda más remedio que adorarla con un ardor en el corazón que quema en el alma.

Es peligroso venir a quedarse por unos días porque esta ciudad es muy capaz de atraparte, los hay de muchas partes que han sido incapaces de irse de aquí y cuando por momentos han tenido que alejarse lo han hecho con lágrimas en los ojos y el juramento de volver en los labios, e increíblemente han vuelto, se han dejado bienestar, seguridad y esposas para venir sin dudas a la tierra del olvido, donde reina el caos, y la vida y la muerte bailan todas las noches un tango y una salsa. Hay quien dice que en la madrugada barren toda la ciudad, no para sacarle la mugre sino para levantar una bruma de “quereme” que enamora a todos los durmientes y vampiros que se dejan contener por esta ciudad que se ríe a carcajadas.

Eso dicen las malas lenguas pero la verdad aunque no menos mágica es mucho más simple y por ello más difícil de entender: Medellín te obliga a sentirte vivo… y si no es en la felicidad entonces será en la tragedia, te mantiene conciente de ese lugar de ti mismo que no conoces sino es porque te duele, es una ciudad tan primitiva que te devuelve al mito, la guerra aquí es entre dios y el diablo, entre la vida y la muerte y en la mitad nosotros, que pasamos del amor al odio tan fácil como de la risa al llanto, en una montaña rusa que nos pregunta por nosotros mismos todo el tiempo y nos mantiene despiertos en esta cosa que se llama vida.

domingo, 25 de febrero de 2007

Alaiena

Un ruido sordo, luego una gota de sangre roja en el piso blanco, después un bebé de 1.75 metros en mi regazo, el último gesto de pensamiento son mis manos sobre su cabeza que pretenden recoger sus recuerdos, que no desaparezca ninguno para que no sienta cuando vuelva que ha perdido algo, y el último retazo de imágenes se pierde para dar paso a un silencio absoluto de pensamientos. El tiempo se detiene. Y no termina de pasar. La película se está grabando en mis sentidos, porque después se repetirá en un loop incansable hasta que, quién sabe cuándo, se desgaste. Los pensamientos vuelven, alertan al cuerpo, ya debería haber pasado, pero empeora, entonces abro la boca para gritar, levanto la cabeza, unos ojos me miran, dicen que ya pasó, necesita respirar, la angustia se repliega, deja hacer, 175 centímetros de vulnerabilidad contra 155 de instinto en celo, vamos a ver quién gana, lo hace el amor cuando sus ojos me enfocan y sonríen aunque tengan miedo, ya pasó, aunque venga lo peor: su herida en el alma, nuestra impotencia, nuestra vulnerabilidad, nuestra soledad.

Menos mal el día está radiante, afuera el cielo es azul y el viento refresca, mientras duerme salgo al balcón. Siempre quise tener hijos, excepto cuando me tocó por trabajo cuidar un demonio de cinco años, que hizo que mientras no estuviera con él, cada vez que viera un parque infantil me dieran ganas de vomitar, pensé que no me recuperaría nunca, luego vino un angelito llamado Luca de casi tres años, que con su ronca voz borró todas las dudas, pero como dice Ende esa es otra historia que quizá algún día cuente. Y hoy, que me doy cuenta de que no estoy preparada para soportar el dolor de los que amo… miro a ese cielo, me guiña el ojo, nadie está preparado para eso, la vida se trata de que pase, y de que uno sólo pueda estar ahí, con toda su impotencia, con su propia angustia, con todo lo que es…

Entonces me vuelvo al lado de tu cama y te digo lo que le digo a mis sobrinos cuando se van, a Luca cuando jugaba en el parque, a mis amigos en silencio: Que mi amor te proteja, te cubra como una manta de elfo; que mi amor te libre que lo que es insoportable y te ayude a soportar lo que es inevitable, que mi amor te de la tranquilidad del que sabe con certeza que todo hace parte de un gran plan que tiene como único fin la felicidad. Que mi amor te acompañe siempre para que nunca te sientas sola aunque eso no te sea suficiente. Que mi amor nos baste.

lunes, 5 de febrero de 2007

Mobiliario

Ahora estoy más convencida que nunca de que la verdad se encuentra en ese espacio que hay entre vos y yo, pero todavía más, de que no tiene nada que ver con vos. Lo que yo siento cuando te acercás y lo que pienso cuando te vas es el lugar en donde reside mi verdad, ella está en mí cuando te experimento a vos, algo tan fuera de tu voluntad como el futuro. Así alguien puede transformar (acaso descubrir) parte de nuestra verdad, es decir, cambiarnos la vida, sin notarlo, tal vez (y con mucha sensibilidad) apenas sospechándolo. Alguien se va como llegó casi siempre sin saber que nos ha dejado como regalo una parte de nosotros mismos que no teníamos, y casi siempre también, aunque a veces el dolor de la ausencia no nos permita tenerlo tan presente, es esto lo que buscamos cuando nos encontramos con el otro.

Nadie sabe por ejemplo que alguna vez fui un ser silencioso. Cuando era pequeña, me limitaba a moverme mucho, curiosear de más, pero hablar poco, me guardaba lo que pensaba para mí, escribía y le contaba a mi ángel de la guarda por la noche, todo sin abrir la boca. A los doce años alguien me preguntó algo, me hizo una broma, y sin saber por qué, empecé a hablar y a reírme en voz alta. Juro que no recuerdo con exactitud quién fue, no tengo ni idea de cuál era el tema en cuestión, sólo recuerdo la sensación de que al tratar de llegar a otro, adentro un velo se corrió y me encontré con mi buen humor, mis argumentos, y mi voz. Desde entonces no he parado de hablar y por consiguiente de meterme en líos, por ello me han amado con corta intensidad y me han odiado con pasión, para luego, en ambos casos, olvidarme. A pesar de los reproches y las lágrimas, no he dejado de ser eso que encontré esa noche, porque ninguna de las puertas del laberinto que soy ha descubierto una verdad diferente. Cuando a veces traté con éxito de callar, hubo quien reclamara, los mismos que reclamaban silencio cuando hablaba, porque los pocos que decidieron quedarse, han aceptado siempre lo que soy y en el espacio entre estos y yo es donde encontré mi verdad sobre el amor.

Hace poco la voz se ha comenzado a desgastar y por un impulso de inercia había sido incapaz de callar cuando hablar costaba tanto, pero cuando había dejado de recordar que la verdad siempre viene de la mano del otro, llegó alguien que llenando ese espacio vacío entre los dos, habló de lo que sabe y lo que piensa, y sin mencionar nunca la palabra corrió la vieja cortina y abrió de nuevo las compuertas del silencio, ese que anda recorriendo ya los espacios, que mejor que hablar escribe, que vuelve a mis amigos íntimos ángeles, que se notará apenas, que es otra vez mi verdad, la misma que hará que nunca se entere quien la ha traído de que la ha traído.

Ahora podés irte y olvidarme, porque cada vez que yo me mire con placer en el espejo del que es otro, mientras guardo silencio te recordaré.

miércoles, 31 de enero de 2007

La Miscelánea es un Colectivo en donde como en todas las demás misceláneas, hay de todo. Nos trajo aquí la excusa del arte en función de la vida social, en una ciudad donde a veces es tan difícil vivir; la mayoría nos quedamos por la buena conversación de cada ocho días y con el afán de responder las preguntas más obvias llegamos hasta hoy, aquí mi parte del manifiesto que nos precede:

Manifiesto Miscelánico

No se admiten sapos, menos regalados. Ni curadores o vendedores, tampoco desapasionados o miedosos, fiscales, exclusivistas, exquisitos, sembrados de lechugas, falta del mínimo sentido común.

Tenemos opinión sobre las opiniones, posición, argumentos, paciencia, soberbia, tenemos sobretodo, artistas, ingenieros, comunicadores, escritores, marxistas, publicistas, junguianos, fotógrafos, metodistas, reservados, explosivos, enojados, de todos los estratos y sustratos, nos tenemos los unos a los otros.

Estamos hechos de esperanza, indignación, vísceras, tijeras, inteligencia, de comino rojo, magia negra, alma blanca y manos limpias de crayola y yeso.

Nos gusta la belleza, la teoría del color, las celebraciones, el té, la verdad, los cafés, los objetos inútiles, la poesía, las inauguraciones, los niños, la costura, la caligrafía, las invitaciones, los amuletos, las zucaritas por la mañana, los hombres y las mujeres, el amor y el arte.

Creemos en dios y en el diablo, en el voto y la libertad, en nosotros, en esta ciudad, en los imposibles, en la palabra colectivo, en el sentido y la búsqueda, en la sustancia de las cosas.

Somos la pregunta, el atisbo de respuesta, la denuncia, el "no puede ser", el "basta", el "tengo miedo". La risa, la ternura, la desprevención, la confianza. Somos amigos que cuidamos y enemigos en potencia de equivocarse.

Lo único que se puede esperar de nosotros, a lo que aspiramos, la única regla, lo único que se tiene la obligación de hacer es ser lo que se es, porque aquí se vale enojarse y dar varilla, también arrepentirse, irse y volver, estar y perder, incluso llorar, pero ojala no se valiera ser “me da todo igual”, porque la apatía es lo que nos sobra, ella es quién propaga la tristeza, es el vehiculo de la nada que se lleva lo que hemos construido.

lunes, 8 de enero de 2007

Balance

En estos días leí que uno no debería abrir una puerta si no está seguro de que sabe cómo cerrarla, quien lo escribió tenía razón, yo agregaría que toda puerta abierta que ya no se ha de volver a cruzar es mejor cerrarla, no vaya a ser que tantas puertas abiertas nos pierdan el camino, por eso este año 2006 que se acaba de acabar hay que cerrarlo, recoger lo que sirve, desechar lo que no, reciclar lo que más o menos, cerrar la puerta y seguir, que hay mucho camino hacia delante por recorrer.

Por eso aquí, en el espacio virtual que mejor me contiene paso a recoger mis bártulos, con toda la intención de seguir sin mirar atrás, no sin llevar conmigo lo que siempre ha de acompañarme, por ejemplo: el año pasado me puse a escribir y no es que antes no lo hiciera, pero siempre fue sólo para mí, este año me dio por salirme del closet y “publicar”, primero fue Lo Profano, que sin duda ha sido lo mejor de este año, nadie se puede imaginar todo lo que ha significado, todas las conversaciones, los comentarios, la gente nueva, la terapia que ha sido, simplemente maravilloso; después vinieron un par de cosas que me pidieron hacer para publicar y que supusieron ejercicios bastante productivos para quien esto escribe.

Me queda también para siempre Urbánicos, trabajar con los pelados fue el mayor de los retos de este año, el más grande esfuerzo emocional para dejarse cuestionar cada minuto por la realidad de otro que es tan otro, tanto por su condición de adolescente como por su condición social, y al final sentir que somos mejores que antes, tal vez de una manera sutil, imperceptible, pero ninguno de nosotros, los niños y los adultos, fuimos los mismos de antes.

Este año encontré a dos nuevas compañeras de viaje, Cris y Margarola, también se van conmigo; se quedan otros que no alcanzaron ni siquiera a ser amigos… me reencontré con un jefe con el que todavía estoy dándome espacios, reconocimientos que nos debíamos, sin embargo perdí a otro jefe, uno de los que más me gustaba, se terminó hace rato el duelo profesional y personal, se queda atrás la posibilidad de hacer cosas juntos y de hacernos amigos en el camino… me acompañarán los buenos amigos de siempre, que estuvieron tan presentes esta vez (en gran medida gracias al Messenger, bendito descubrimiento de los gringos), y los grandes momentos que compartí con ellos, como el cumple de la Martina, los mensajes periódicos de Ana, los saludos esperanzadores y reconfortantes de Jailtao, la vez que la Martuchi me llamó por teléfono a saludarme por el día del amigo en Argentina, mi amigo Sunfi que se apareció al final con ganas de quedarse un tiempo; los grados de la Beatriz, con una fiesta espectacular y un fin de semana en Bogotá rodeada de los mejores afectos, se quedan conmigo esos afectos; las salidas de buena conversación y buen baile con Alejo; Mauricio, el chaman que aparece en todas mis conversaciones, ese que no deja que me descarrile o me deschavete, se va conmigo mi Padre.

Me llevo los instantes que pasé con aquellos que la vida trajo sólo de paso, las risas que me regaló Manuel con su humor negro medianoche, los días del 2 al 6 de noviembre, los más apasionantes del año, con un príncipe azul de mentiras que al besarlo se convirtió en sapo, pero que mientras duró, me devolvió las mariposas en el estómago tan necesarias para la salud; el Encuentro Internacional Medellín 2007/ Prácticas Artísticas Contemporáneas, que desde que le vi el nombre supe que me iba a sacar canas pero que cuando por fin pasemos este duro parto será lo mejor que le ha pasado a esta ciudad en mucho tiempo (mucho más que la venida del rey de España, aunque Fajardo no lo crea); me llevo a Manuela que a pesar de la distancia es capaz de acompañarme y dejar que la acompañe.

No se pueden quedar por fuera las pequeñas cosas como la compañía que mi madre y yo hemos sabido darnos de vez en cuando, el descubrimiento del restaurante El Herbario; el profe con todas sus historias y su deseo, el Colombo y sus películas, el siempre Bunbury con Nacho Vega de regalo; el sexto y séptimo volumen de las dos series de libros que más me gustan…

(suspiro) Ahora sí, agarro mi morral lleno del amor que me profesaron y sobretodo del que me permitieron dar, que es el resumen de toda la lista que hay arriba, que no deja por fuera a nadie que debería estar y no está, que contra toda ley de gravedad no pesa nada y es lo que aliviana el peso de la ausencia de lo que se queda atrás, que es todo lo demás. Cierro la puerta, y antes de seguir miro atrás por última vez… tal parece que la vida sigue confiando en mí… me doy vuelta, emprendo el camino, sonrío, yo también sigo confiando en ella…

domingo, 24 de diciembre de 2006

Feliz Navidad

Dicen las malas lenguas que Jesús no nació el 24 de diciembre, que ese era el protagonista de una leyenda hindú que los primeros cristianos adoptaron seguramente porque querían la misma espectacular celebración para su señor, sin embargo aquí estamos cada año celebrándole el cumpleaños al personaje, sin preguntarnos mucho por qué, pero sin falta haciéndole su rumba como en cualquier natalicio. Los colombianos por ejemplo, comemos natilla con buñuelo y hasta un asado le hacemos al muchacho, nos juntamos con la familia para hablar de todo menos de él, excepto para pedirle un Power Ranger o un novio nuevo… Ponemos la ciudad y la casa toda de verde y rojo (el rojo no ayuda mucho a la que quiere el novio nuevo) nos gastamos la platica haciendo regalos (algo de generosidad por una vez, no nos cae nada mal), es imposible coger un taxi, pero nos vamos hasta donde sea para conseguir el traído, terminamos los días con dolor en los pies de tanto caminar y el corazón sonriente cuando el árbol queda lleno de regalos.

Pero sobretodo es en el momento en que (lo digamos en voz alta o no), nos permitimos la esperanza, dejamos que se instale por unos días en nuestra vida; tal vez tenga que ver conque el año se está acabando y alguna magia de solsticio nos hace creer que podemos comenzar de nuevo, volver a empezar de cero, cerrar una puerta y salir a un jardín inmenso que será lo que nosotros queramos de ahora en adelante, y tal vez sea por eso que sonreímos más, y cualquier excusa es buena para hacer una fiesta; o tal vez sea porque precisamente fue ese personaje al que le celebramos dos mil seis años de vida el que trajo de nuevo ese sentimiento a este planetita; porque puede que sus seguidores hayan distorsionado por completo su mensaje, pero la esperanza le debe gran espacio a él. Por fin alguien viene y dice, que el amor es lo más importante, que es todo lo que necesitamos, que sólo el miedo nos impide admitir que es mejor darlo que recibirlo (digan si no es más divertido estar enamorado que ser el objeto del enamoramiento de otro), que Dios es ante todo el mejor amigo, el mejor padre, y que nos hizo a su imagen y semejanza, lo que quiere decir que tenemos su mismo poder.

Por eso esta navidad, te regalo la misma promesa que nos hicieron hace dos mil seis años (aproximadamente, las fechas no son exactas, culpa de Bizancio y asociados): No habrá nada en el mundo que no puedas tener, nada que no puedas hacer, si de veras lo quieres, sólo tienes que pedirlo, y luego… confiar… Ah¡ ¿Te parece que es una promesa demasiado grande? Y ¿que otra promesa puede venir de un dios que todo lo puede? O acaso si fueras tú ¿le negarías algo de lo que tienes a tus hijos? Ahí te dejo la inquietud, y la promesa… por mi parte en esta navidad yo confío en que tendrás siempre lo mejor, que estarás lleno del amor más grande, que la paz de tu corazón se derrame por todo tu ser y que nada ni nadie pueda hacerte daño alguno, que siempre haya amigos que te canten una canción antes de irte a dormir cuando estés triste, que el dinero no sea lo único en qué pensar, que no te falte nada, ni siquiera el dolor que enseña el desapego, ni siquiera la escasez que precede a la abundancia.

Hoy brindo por mis buenos amigos, los que están cerca y los que no, porque ellos no saben cuánto bien me hacen, cuanto agradezco que estén aquí conmigo y pido desde el fondo de mi corazón que nuestro cariño se mantenga por los siglos de los siglos; salud por los niños que hacen más divertida la vida; por los besos inesperados, por los regalos sorpresa, por el arco iris que demuestra que el Padre aunque kitsch existe, por los buenos restaurantes, las buenas películas, libros y canciones, el vino y la belleza, por vos y por mí; por el año que viene con todos los días que valdrá la pena vivir y por todas las cosas que vale la pena estar aquí.

martes, 12 de diciembre de 2006

Instrucciones para escuchar "secretos y mentiras"

Trabaje mucho, tanto, que sin darse cuenta cumpla varios meses sin descansar un fin de semana completo, luego, cuando esté muy agotado, tome aquello que se le hace intolerable en un ser humano, y búsquese el espécimen que más alto contenido del defecto en cuestión tenga, no importa lo que tenga que hacer, encuéntrelo, finalmente expóngase a él todo el tiempo que sea posible.

Digamos, por poner algún ejemplo, que usted encuentra intolerable que la gente no tenga orejas, en ese caso, en lugar de irse a descansar a su casa el primer fin de semana que tiene libre en meses, cómprese un tiquete a París; hágase el ingenuo, dígase que va a pasear, que el costo no tiene importancia si por fin va a tener unos cuantos días para usted, ¡y nada menos que en París! Cuando llegue allá, hágale caso al turista de al lado que está diciendo que el museo D’ Orsay es mejor que el Louvre, más pequeño, más cómodo e igual de sustancioso; cómprese una boleta y anímese bastante (a pesar del cansancio de tantas horas de vuelo, tan pocas de sueño, tanto por hacer y tan poco tiempo para hacerlo) viendo aquella antigua estación hecha museo, con sus esculturas griegas y romanas en el primer piso, y una coronación de Napoleón con un Napoleón casi de tamaño natural en el segundo, cansado pero contento vaya al tercer piso, allí se encontrará con los impresionistas, y en el momento justo en que con justicia usted vea llegar por fin la fascinación por la que estaba buscando, encuéntrese con el retrato de Van Gogh, ese, el que precisamente no tiene oreja, ¡pero si se supone que ese retrato no debería estar ahí sino en Ámsterdam!, pues no, el destino le ha jugado una malísima pasada y el Van Ghog sin oreja está ahí.

Sienta como todo el cansancio acumulado durante meses cae con todo su peso sobre su pobre humanidad, alcance a hacer un último esfuerzo, para ponerse tolerante, todo lo que aprendió sobre el tema es repasado un millón de veces en una milésima de segundo, pero la verdad es más grande, se fue hasta París sólo para el despropósito de ver no sólo a un tipo sin oreja, sino a Van Ghog sin oreja, no hay derecho, mire a los lados, sólo usted parece darse cuenta de la tragedia, entonces reviente, como el día en que ya no cupo en el vientre y decidió nacer, vuela mierda al zarzo, y sólo ríndase cuando le abofetee la gran verdad de que la tragedia no es tragedia porque sólo usted la padece. Váyase corriendo a la calle, en París hace mucho frío, más del que un tropical puede soportar, las luces de la ciudad no le dicen nada porque hablan francés, sentado solo en una banca no hay nadie ni siquiera para decirle con amor y un café, que no tiene la razón, que la culpa es suya por no tolerar a un hombre sin oreja. Ahora sí ponga play y lea la letra de la canción que está abajo: buen apetito!

SECRETOS Y MENTIRAS

Di, qué será de ti, qué será de mi,
Cuando estalle al fin,
esta relación,
tu me dirás que no,
nada sucedió,
"Apagad la luz,
guardad toda aquella ropa en un baúl
y arrojad la llave".

Querías un regalo
Y yo derramé encantado
con un grito entre tus tetas
aquel collar de perlas
y en ese instante el mundo terminó

y él apareció a plena luz del sol
nadie rechistó,
así que me acerqué,
le dije entonces ¿qué?
él dijo ¿qué de qué?
y yo "apagad la luz
guardad toda aquella ropa en un baúl
y arrojad la llave".

Hace mucho tiempo
que ya hace mucho tiempo
de cualquier cosa en mi vida,
mi vida malherida,
alejaos que ahora envejezco.

Gente nace y gente muere cada día,
los demás nos limitamos a estorbar
y jugamos a secretos y mentiras
y despues nos lamentamos
Que viva el ser humano,
la gente grita !hey, hey...¡

"Bien" dice entonces él
"veo que tienes sed
yo te la apagaré
a base de chas, chas, chas"
pero llega alguien más
Y le oigo balbucear
"Apagad la luz,
guardad toda aquella ropa en un baúl
y arrojad la llave".

Por allí huyen unos,
por allá los otros,
¿Quién entre ellos, por lo tanto,
se está equivocando?
Decídmelo que estallo...

Gente nace y gente muere cada día,
los demás nos limitamos a estorbar
y jugamos a secretos y mentiras
y despues nos lamentamos
Que viva el ser humano,
la gente grita !hey, hey...¡

Gente nace y gente muere cada día,
los demás nos limitamos a estorbar
y jugamos a secretos y mentiras,
"Por favor defíname la eternidad"

Gente nace y gente muere cada día,
los demás nos limitamos a estorbar
y jugamos a secretos y mentiras,
como el niño cruel que acecha,
como aquel gran atleta
drogado en la carrera
nueve segundos restan
la guerra empieza...
"¡hey...!"

Nacho Vegas

domingo, 19 de noviembre de 2006

Lo que te perdiste

Te perdiste el amor más bueno, el que ante todo ofrece amistad, y de ahí para adelante lo que se te fuera ocurriendo; te perdiste una buena compañía para hacer nada y disfrutarlo; un futuro juntos (que durara una hora, un día, o miles de años) llenándose con la historia del pasado que vivimos el uno sin el otro; el firme propósito de superarlo todo, mis manías y las tuyas; mi pecho levantado del orgullo que solo, te haría brillar; la fuerza para no dejarte caer nunca; la felicidad que no de pende de ti; el amor de los amigos que me aman, que te hubieran amado, que ahora te detestan.

Te perdiste mi visita de cinco días que le hubieran devuelto la vida a los 365 días de tu siguiente año; un fin de semana en una hamaca viendo llover afuera mientras mi cuerpo no necesita desnudarse más para cubrirte de calor; habrías podido dormir los dos días que lo hiciste, pero conmigo de ángel guardián de tu sueños para luego despertar y encontrarte con mis ojos que no te quitan la paz, que te dan la mano para volver a la realidad sin perder el alma; te perdiste una danza de mi cuerpo por cada canción que tocaras; miles de noches hasta las cuatro de la mañana rodeado de la suerte que a mi me bendice siempre; el deseo de estar con vos para cambiar mi vida, la decisión de cambiar mi vida para estar con vos; las mil canciones de Juan Luis Guerra que te hubiera dedicado, y quién sabe, con el tiempo, tal vez una de Bunbury.

Te perdiste de ser mi esperanza, de sentir de nuevo esperanza; de muchos días de sol y bastantes más noches de amor; de mi piel; de mi cintura; de mi nostalgia cuando no estuvieras, de mi sonrisa de pastel cada vez que te volviera a ver; te perdiste de sentir el tiempo que quisieras lo que sentiste la primera vez que me viste; te perdiste de mí, me perdiste a mí que sé lo que me perdí cuando te perdí antes de haberte ganado; te perdiste de no querer que fuera así.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Lágrimas de oro y cocodrilo

Entonces de esto se trata el amor: hacerse una chamba en el pecho, sacar el corazón con la mano, e ingenuo y sonriente ofrecerlo en un intento de salvar el abismo que nos separa de un otro que antes de darnos un beso ya nos ha devuelto a la vida.

La muerte se convierte entonces en ver como sigue latiendo sin pretexto ese corazón en la mano aun cuando queremos que deje de hacerlo y al fin descubrir mientras Calamaro brinda hasta la cirrosis por el amor, que estamos más vivos que nunca.

lunes, 6 de noviembre de 2006

Every time is different

Hace mucho tiempo no tenía esta sensación de querer estar con alguien todo el tiempo y la de que cuando no está, se solla uno las primeras dos horas y luego provoca arrancarse el pecho para que la agonía se acabe, se llama enamoramiento, pero es más un engolosinamiento, el amor poco tiene que ver, aunque haga parte del asunto, y siquiera, porque es el único que lo mantiene a uno medio cuerdo, es el que conjura la calma con la sabiduría del que todo lo espera y está tan ciego como para entregarse con confianza a la corriente sin pensar a dónde va ir a parar. Mientras tanto, la cabeza se vuelve algo así como la gotera en el techo que cae y vuelve a caer sobre la misma ponchera, haciendo el mismo sonido que uno ya no sabe si disfrutar o enloquecer, los recuerdos (si es que se le puede llamar así a las memorias de lo que pasó hace dos horas, o diez, máximo 48) vuelven una y otra vez, muy sonrientes ellos, renovados cada vez, dulces siempre, para traer cualquier sonrisa, cualquier gesto… (qué bellecita)… pero qué voy a ponerme a describir aquí la dulce enfermedad que está descrita de sobra en todos los libros y las canciones y los teatros, no hay nada más que yo pueda añadir que quien lea esto no haya sentido alguna vez, así que mejor parar aquí con el inventario de emociones chiquitas y sublimes pegadas de nada y mejor darle paso a los recuerdos que cada uno ya debe estar trayendo a su memoria, y que esa sonrisa que ahora está por salir dure toda la semana, que cada vez que en estos días el recuerdo de unas mariposas viejas en el estómago lo encojan, haya un brindis por mí, porque lo que siento no me sea exclusivo y aunque sea pretencioso, le sirva también a los que me rodean, a ver si así lo voy exorcizando. Por lo menos hasta que lo vuelva a ver.

domingo, 29 de octubre de 2006

Imprescindible


¿Qué sería del mundo sin cada uno de nosotros?, la muerte nos trae la respuesta muy tarde, el negocio nos arrebata la posibilidad de demostrar nuestra mejor sospecha, los presupuestos justifican el cualquiera lo puede hacer, la oferta es más grande que la demanda, hasta en el amor, que al final se muere y nos deja a todos, oferentes y demandantes sin el pan y sin el queso. La vida tiene que seguir se lleva nuestra melancolía y con ella el último de nuestros suspiros, entonces sí sigue, pero no la vida, sino la carrera inútil contra el olvido, nos acostumbramos tanto a nuestra propia brevedad que olvidamos que los demás nos necesitan, despachamos a la solidaridad en nombre de la productividad y las ganancias (en la bolsa y en el ego) sólo dejan pérdidas en el espíritu.

Yo quiero como Manu Chao pararme frente a una multitud y cantar gritando que si tengo que escoger entre tú y ese cielo, yo me quedo contigo… quiero sentir que cuando te vayás, cuando se caiga la última piedra de lo que construiste, cuando se derrame la última lágrima por tu ausencia, algo se derrumbe adentro mío, porque tus errores no los cometerá nadie más, porque nadie más contiene la vida como vos, porque sólo tus ojos me miran así, porque nadie, aunque las mujeres paran todos los hijos, podrá reemplazarte.

El encuentro

Dos puntos que se atraen no tienen por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es el procedimiento más corto. Pero hay quienes prefieren el infinito.

Las gentes caen unas en brazos de otras sin detallar la aventura. Cuando mucho, avanzan en zig zag. Pero una vez en la meta corrigen la desviación y se acoplan. Tan brusco amor es un choque, y los que así se afrontaron son devueltos al punto de partida por un efecto de culata. Demasiado proyectiles, su camino al revés los incrusta de nuevo, repasando el cañón, en un cartucho sin pólvora.

De vez en cuando, una pareja se separa de esta regla invariable. Su propósito es francamente lineal, y no carece de rectitud. Misteriosamente, optan por el laberinto. No pueden vivir separados. Ésta es su única certeza, y van a perderla buscándose. Cuando uno de ellos comete un error y provoca el encuentro, el otro finge no darse cuenta y pasa sin saludar.

Juan José Arreola

lunes, 16 de octubre de 2006

Recuerdos devueltos

La vida que siempre es tan generosa conmigo y sólo me envía ángeles, me trajo por estos días un par de artistas que sin pretensiones y sin mucho tiempo para dedicarnos mutuamente, me regalaron un par de cosas que les agradezco con la parte de mí que se conmovió por ellos, que obviamente va más allá de su obra. Me los encontré para recordar cosas que había olvidado, desde un par de palabras que no escuchaba hace años y que me traen el calor de un hogar perdido ya, hasta un recuerdo lejano de un horizonte que con tanta urbanización emocional había dejado de ver.

Laura es pintora, y por ahora está dedicada a dibujar (en las paredes si es posible) a unos hombres que parecen chicos y se tocan el “pito” todo el tiempo, como dice ella. Es una obra de caricatura, llena de color y ternura; a ella le encanta ese efecto que causa en la gente que la ve: una sonrisa inevitable se nos viene (por lo menos a las mujeres) cuando vemos a un chico con barba, comiendo helado, saltando y exhibiendo su pene al aire el muy bandido. Pero no se imaginen nada grotesco, todo lo contrario, Laura tiene el talento de hacerlo divertido… y ahí fue donde empecé a recordar… hubo un tiempo, muy corto, cuando me estaba buscando, que me encontré con el lado masculino más amable que tienen los hombres, y los pude ver como me hubiera gustado poder verlos siempre, como chicos que casi siempre confunden la felicidad con el placer y que la torpeza de su amor nos hace reír a las carcajadas y nos conmueve hasta las lágrimas; como ese cable a tierra, que nos devuelve la realidad como un juego fácil de jugar.

Laura me recordó que la relación con los hombres no siempre fue ese tire y afloje medio histérico en que nos sumimos muchas mujeres de mi generación, esa relación de tensión y de poder, una competencia donde el que gana es el que adivina primero la intención del otro y pone el pie justo en el lugar preciso para hacerle al otro una zancadilla espectacular que lo deje inhábil para salirse del meollo que llamamos relación. Por mi parte yo nunca entendí cuál era la intención del otro y cuando creía que había adivinado, ponía la zancadilla en el lugar equivocado, consiguiendo a lo sumo, darme de bruces contra el mundo; me acostumbré tanto a que mi torpeza no tuviera límites que dejó finalmente de dolerme, y empecé a reírme, con la resignación del que olvida que tiene algo qué perder… por eso cuando empecé a ver las pinturas de Laura, recordé que es preciso volver a encontrar ese hombre inocente con el que la relación se basa exclusivamente en la diversión, donde al contrario de todo lo demás uno llega a relajarse, a tomarse un tiempo para jugar al juego del amor sin especulaciones, sin objetivos, sin cálculos, nada más por el placer de verlos caer en la suave red de la seducción de la mujer fatal que todas llevamos dentro; y dejarse llevar viéndolo a él dejarse llevar, haciéndose el valiente, sin preguntarse en qué se está metiendo, para disimular su miedo a perder; viendo al chico convertirse en hombre.

No sé cómo le voy a hacer para encontrar eso, pero por lo menos Laura me ayudó a sacudirme la resignación, y me recordó que existe la posibilidad de hallar lo otro… en todo caso, le pido encarecidamente al que tenga pistas de un chico inocente y seguro, vestido de camiseta azul con un estampado de calavera en el pecho, que parece más joven de lo que en realidad es, pero que cuando uno mira sus ojos estos delatan el paso de los años, y hablan de la sabiduría que su boca come helado no puede; que me diga dónde lo puedo encontrar o que por lo menos le avisen que le tengo un par de trucos de magia que le van a gustar.

domingo, 15 de octubre de 2006

Saudade

Dice precisamente un portugués escritor de hace tiempo llamado Queirós, que la melancolía es la hermana menor de la tristeza, la más mimada y feliz, y yo creo que por eso, después del amor, es el sentimiento favorito de nosotros los que amamos con un amor que primero nos mata antes que morirse. Y es que en portugués no existe eso que en español llamamos “hacer falta”, en ese mundo precioso simplemente se siente nostalgia por el que no está presente, dirán algunos que es lo mismo, pero la diferencia sutil abre un abismo infinito de sentimientos. Cuando uno dice que algo le hace falta, está asumiendo de entrada su ausencia, la nostalgia en cambio es un sentimiento que se produce precisamente por no poder separarse de aquello que no está presente; decirle a alguien, como se dice en portugués, que uno siente nostalgia de él, o de ella, es confesarle que nos hemos rendido ante a la realidad de que ni la distancia hace que el amor desaparezca, de que el otro se queda tan ahí aunque esté tan lejos, y no verlo, sentirlo o escucharlo sólo hace que el amor se encierre en un capullo de nostalgia para protegerse de aquello que se supone acaba con todo: el tiempo y la distancia.

Por eso, después de oír a Madre Deus, si que no queda duda de que los portugueses saben de nostalgias más que nadie, el Fado, su ritmo más popular, es una música que con cada nota va un paso más allá (o adentro) de la tristeza pueril, y por eso no queda más remedio que llorar cuando Teresa canta sin moverse, su Suave tristeza, con un vestido largo de velos verdes y rosas rojas, como si fuera la misma voz de la melancolía de un Dios que después de parir al mundo se quedó solo con toda nuestra ausencia… y ahí mismo, recordar que la vida misma se trata en todo caso de ir perdiendo como dijo alguien alguna vez, una mujer seguramente, porque la nostalgia tiene nombre de mujer, sólo una mujer puede cantarla con tanta belleza y sólo quien se haya encontrado con su lado femenino puede entender que hay pocas cosas más emocionantes que cuando alguien, a quien queremos como sólo en la distancia se puede querer, nos sorprende diciendo por el teléfono: tengo saudade de você.

domingo, 1 de octubre de 2006

Para no guardar silencio

Ayer volví a ver Diarios de motocicleta, y además de traerme los recuerdos gratos del viaje por Latinoamérica (que en estos días han estado en mi mente todo el tiempo, ese viaje se me ha cruzado por todas partes. Quién sabe que querrán esos recuerdos de mi) me recordó todo lo que nuestra realidad no ha cambiado. Cuando a Gael García le preguntaron por la película dijo que eso era lo que más le había impactado, casi nada ha cambiado desde los tiempos en que la realidad de este pueblo conmovió tanto al joven Ernesto Guevara como para convencerlo de que había que ganarse la justicia a punta de tiros. La película tiene retazos documentales que encajan perfectamente en el tiempo del que pretende hablar, hace unos 50 años, y las cosas así, mejor que se murió temprano el Che para no tener que envejecer como lo haremos nosotros, viendo a Bono en un concierto en Chicago, oyéndole suplicar a los asistentes que le pidan a su presidente que haga algo para acabar con la pobreza extrema en el mundo, y tener que llorar porque es la batalla de lo obvio, cómo explicar que si matas se muere, que si golpeas duele, que para despertar hay que abrir los ojos, que no se puede vivir sabiendo que un solo hombre muere de hambre en un mundo donde hay comida suficiente para todos, mucho menos 40000 mil niños al año mientras otros 4000 nacen diariamente, como si la piedad fuera sólo para los lobos.

La vida es tan compleja, tan grande habitando algo tan pequeño que quien la contiene a duras penas puede con ella, como para que además los 70 años en promedio le alcancen apenas para aprender a sobrevivir sin morirse de inanición. Quien se inventó eso de que hay que ganarse el pan de cada día, y además con el sudor de la frente, se debe estar pudriendo en el infierno que fue creado el día que se le ocurrió semejante idea, y aquel que nos vea desde afuera debe sorprenderse enormemente de nuestras excentricidades, donde la comida se pudre en los supermercados y se tira a la basura en los restaurantes que quedan a dos calles del lugar donde un niño mendiga pan en un semáforo, al frente de un almacén donde la ropa en los estantes podría abrigar a medio Alaska. Es tan ridículo que es difícil de expresar y mucho más de entender, y que sea tan obvio es lo que nos hace tan patéticos a nosotros. Pero volver a ello es tan inútil como el premio Nobel de la paz, sin embargo, me niego a aceptar el argumento de la complejidad del asunto, eso es más o menos como decir que los pobres quieren ser pobres, que la gente que pide en los semáforos vive mejor que cualquiera de nosotros, que mendigar es un negocio, eso es para los que quieren expiar su culpa a como de lugar, destruyendo la imagen inmunda en el espejo que son los pobres de nuestras ciudades. No, no es tan complejo, es muy fácil, es una cuestión de decidirnos, como cuando decidimos (tarde, muy tarde) que ya no queríamos un Hitller en nuestro mundo, que la esclavitud no era humana, y que el muro de Berlín no debía separarnos más. Como dice Bono: traer la humanidad de vuelta a la tierra debería ser tan fácil como enviar un hombre a la luna.